Las empresas, ¿pueden alzar la voz para garantizar un entorno seguro y propicio para defensoras y defensores de derechos humanos?

23.10.2015

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Ginebra – ​Por Mauricio Lazala, Centro de Información sobre Empresas y Derechos Humanos  

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Ginebra – ​Por Mauricio Lazala, Centro de Información sobre Empresas y Derechos Humanos  

Durante años se ha visto el aumento de ataques, intimidaciones, hostigamientos y asesinatos de personas defensoras de derechos humanos que trabajan en temas vinculados a empresas y derechos humanos – lo que en general ha sido muy bien documentado. Desafortunadamente, no hay señales de que esta tendencia se vea reducida en un futuro cercano. Valientes activistas de México a Azerbaiyán, de Israel a Ecuador, de India a Hungría, prevén una tormenta de restricciones sobre su legítima labor. A lo largo de los tres últimos años, más de 60 países han propuesto o aprobado leyes que restringen la actividad de organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil. Entonces, ¿qué se puede hacer para contrarrestar estas tendencias?

Los Estados tienen la obligación primaria de proteger los derechos humanos. Pero las empresas también tienen un papel importante, especialmente en el campo de las empresas y derechos humanos; y ellas han tomado acciones en varias ocasiones, tanto públicamente como a puertas cerradas (aunque todavía en cantidades modestas).

Según mi experiencia, es mucho más probable que las empresas actúen cuando el asunto se encuentra directamente relacionado con sus actividades o industrias. El año pasado, las principales empresas de ropa que se proveen de Camboya condenaron al gobierno por su violenta represión contra trabajadores de la industria textil que estaban en huelga, la cual provocó muertes y lesiones; esto ayudó a poner fin a la violencia. En 2013, en Perú, seis empresas textiles de Estados Unidos instaron al gobierno peruano a que revocara una ley que toleraba violaciones de derechos laborales, lo que les dificultaba la implementación de sus propios códigos de conducta para proveedores. A principios de este año, tres empresas de joyería publicaron declaraciones en las que pedían al gobierno de Angola que retirara los cargos contra Rafael Marques, un periodista sometido a juicio por difamación tras haber expuesto abusos en la industria de diamantes.

Oxfam y otras organizaciones han identificado algunas de las causas y tendencias del aumento de restricciones y ataques contra activistas de la responsabilidad corporativa y defensoras y defensores de la tierra y el territorio. Entre ellas, se encuentra la proliferación de medidas contraterroristas que, al ser tan ampliamente interpretadas por los gobiernos, terminan también abarcando a las organizaciones de la sociedad civil. En Chile, el pueblo indígena Mapuche fue condenado con cargos de terrorismo por el presunto inicio de un incendio durante una protesta contra una compañía maderera. Tal y como  señaló recientemente The Guardian, las “medidas que son legítimas para frenar la financiación y el lavado de dinero por parte de organizaciones terroristas, a menudo tienen un efecto debilitante sobre las ONG”. En este sentido, las empresas de servicios financieros tienen la responsabilidad de mostrar la debida diligencia en la distinción entre las transferencias legales e ilegales de dinero.  

Otra de las tendencias identificadas por Oxfam es la existencia de poderosas herramientas tecnológicas para restringir y vigilar a defensoras y defensores. Las empresas tienen la responsabilidad directa de evitar ser cómplices de la censura y la persecución por parte de los Estados. La antigua política de Yahoo de compartir con las autoridades chinas la información personal de sus usuarios, trágicamente condujo a la detención, presunta tortura y largas penas de prisión para, al menos, cuatro personas. Como resultado, Yahoo enfrentó una reacción pública, demandas legales y una audiencia ante el Congreso. Sin embargo, las grandes empresas de tecnología también han tomado medidas audaces para proteger a sus usuarios; Google se retiró de China en 2010 debido a los intentos de censura. En 2012, a raíz de un llamamiento de una ONG paquistaní para que las empresas de tecnología no respondieran a una convocatoria de su gobierno para la creación de un extenso sistema de bloqueo y filtrado de URL, cuatro empresas se comprometieron públicamente a no presentar ofertas - algunas alegaron preocupaciones relativas a derechos humanos como la razón para no hacerlo.

Algunas empresas se han posicionado públicamente sobre cuestiones más amplias relacionadas con derechos humanos, demostrando que hacerlo no resulta en un perjuicio económico y rebatiendo a aquellos que piensan que “no tiene nada que ver con ellos”. En marzo de este año, 379 empresas y organizaciones presentaron una declaración pública ante la Suprema Corte de Estados Unidos en apoyo al matrimonio de personas del mismo sexo. Durante los últimos años, cientos de empresas han expresado públicamente su apoyo al proceso de paz entre el gobierno colombiano y las guerrillas FARC. En enero de 2015, tras una serie de mítines anti-islamismo por parte de grupos xenofóbicos de Alemania, varias empresas mantuvieron sus instalaciones en la oscuridad; Volkswagen dijo que la empresa “cree en una sociedad abierta, libre y democrática”. Más recientemente, tres patrocinadores de la FIFA respondieron a las inquietudes de las ONG sobre las obras de construcción para la Copa Mundial de 2022 en Qatar, emitiendo declaraciones en las que apoyan los derechos de los trabajadores en el país. Y, este mes, empresas alemanas manifestaron su apoyo y se sumaron a campañas de bienvenida para los refugiados que buscan asilo en Europa.

Son demasiadas las empresas que aún permanecen en silencio cuando los derechos humanos son puestos en cuestionamiento en Estados represivos – o que, incluso, trabajan activamente contra el respeto de los derechos humanos – pero, al mismo tiempo, varias empresas están demostrando que pronunciarse contra los abusos es lo correcto, tanto por razones éticas como para su propio beneficio. Las empresas pueden ser una voz poderosa para la protección de la población vulnerable en los países represivos, particularmente ahí donde se cometen violaciones relacionadas con su industria y cuando son inversionistas importantes.

Unas pocas empresas valientes están ayudando a crear y ampliar entornos propicios para los derechos humanos. Más empresas deberían seguir su ejemplo. No es necesario que desarrollen nuevas habilidades para ésto; ellas ya utilizan su influencia sobre los gobiernos cuando sus intereses están en juego. Solo deben asegurarse que su incidencia sea legítima, “existe una delgada línea entre preocupación genuina y simple apariencia”. A su vez, a las empresas les resultará más fácil hacer negocios con reglas de juego más equitativas y satisfacer sus expectativas sociales en lugares donde los derechos humanos prosperan y las y los defensores están protegidos.  

Mauricio Lazala es Director Adjunto del Centro de Información sobre Empresas y Derechos Humanos. Síguelos en Twitter: @BHRRC.

 

En los días y semanas previas al Foro de la ONU sobre Empresas y Derechos Humanos, ISHR publicará una serie de artículos por expertos emergentes incluyendo a personas defensoras de derechos humanos, a representantes de la ONU, a diplomas, a empresas y a ONG internacionales. Cada artículo incluirá un análisis del importante papel de las personas defensoras de derechos humanos y estará recopilado en una edición especial del Human Rights Monitor de ISHR, que se lanzará en inglés, francés y español el 9 de noviembre. Los puntos de vista expresados son personales y no necesariamente representan la posición de ISHR.